Pasamos buenos ratos / echando pan a los patos, decía aquella incursión country de Ilegales sobre un hombre blanco alto y orgulloso cuyas botas dejaban huella. Y la verdad es que hemos pasado un magnífico rato con un gran tipo y mejor periodista como José Ángel, todo un referente en la prensa, así como director y presentador del único programa musical televisivo que merece -y muy mucho- la pena en nuestra Comunidad (los viernes a las 22h en Canal 6). Creo que el ataque del viernes en La Opinión está de más, aunque agradezco la publicación de la cita del festival, al igual que lo aparecido en La Verdad, en diversos blogs, en la página del Ayuntamiento de Murcia, en Mondo Sonoro (edición Sur), en La Guía Go, en Impacto Musical de la Región de Murcia, y algunos más que olvido por falta de tiempo. Jam Albarracín no necesita defensores, pues su trabajo le avala, pero puedo asegurar que no habla mal de nadie de la profesión.
Y con un hombre blanco alto y orgulloso -además de ser una persona estupenda-, José Enrique Mínguez ('El Flakiko'), voz y guitarra de Doble Cero, fuimos en comandita Pedro y yo a La Jam Evasión. Después nos dio tiempo, a toda hostia, de entrar unos 12 minutos con las chicas de El Autogiro (Onda Regional), Carmen María Conesa y Marta Ferrero. Seguro que coincidimos en la Rosa Rosae sin conocernos. Os esperamos en DNC.
Dar por último dos noticias sucedidas recientemente: por un lado la creación de la página web de Los Anónimos, www.losanonimos.es , que van a llenar de fotos, entrevistas y todo tipo de documentación; su dirección de correo electrónico es contacto@losanonimos.es . Y por otra parte, la aparición del myspace de La Cresta del Gallo, con un par de temas de momento. ¡Bienvenidos ambos al ciberespacio!
Y recordad que en pocas horas nos vemos en DNC (C/Puerta Nueva, edificio Centrofama). Pásate y mira a ver, Maribel.


Me acordaba de la chica paseando por Alfonso X, y lo que yo creía que era el local de ensayo donde tocan resulta ser la Metal Beat, la discoteca que estaba situada en la carretera de Santa Catalina, en cuya puerta se armaban unas broncas tremendas.
